La extraña desaparición de la carne en los wantanes: un asunto de Estado

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Una operación concertada que tiene como artífices en las sombras a altos personeros del Poder Ejecutivo, en vil acuerdo con el empresariado chileno y Demetrio Marinakis, entre otros.

Los entendidos que han seguido el tema de cerca aseguran que se está frente a una operación concertada que involucra a toda la cadena de producción. Desde el duopolio Carnes Darc- Doña Carne, hasta el Sindicato de Repartidores Motorizados de Chile (SIREMOCH) en colusión con la Cámara Chilena de Comercio.

Pero que el lector no se engañe, esto no es un asunto netamente comercial. Según el cientista político de la Universidad de Humanismo Cristiano, Lautaro Rojas Caucaman, la operación es tan compleja y delicada que estaría involucrada incluso la Cancillería, donde su mandamás, Heraldo Muñoz, debió ocupar toda su experticia en el arte de la negociación para poner paños fríos cuando las partes no lograban llegar a un acuerdo y amenazaban con romper relaciones.

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Pero el analista internacional, Robert Johnson, académico de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, autor del libro The wantan in times of globalization: the awakening of China (El wantán en tiempos de globalización: el despertar de China), va más allá. Asegura que el oscuro acuerdo tiene una fecha concreta: 18 de noviembre de 2005.

Ese día se firmó el Tratado de Libre Comercio entre Chile y China y testigos de ese histórico día afirman que la conjura se fraguó entre cuatro paredes, específicamente en el restaurant Xin Su Fun, ubicado en Avenida Irarrázabal 1474, en la comuna de Ñuñoa.

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Al lugar llegaron de incógnito y sin que la Interpol se enterara (beneficios que dan los Pasaportes Diplomáticos) el presidente de productores de carne de China, Yun Morita (primo del reconocido actor Pat Morita), por el entonces ministro de RR.EE., Ignacio Walker, Demetrio Marinakis, Guido Girardi (estos últimos encargados del transporte y las facturas, respectivamente) y Sebastián Dávalos, por ese entonces asistente de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon).

Luego de una copiosa comida (se dice que ahí se sirvieron los últimos wantanes con carne), la que tuvo un valor que ascendería los 17 millones de pesos (disfrazada como una asesoría de Andrés Velasco realizada en diciembre de ese mismo año en Casa Piedra), se llegó al acuerdo de eliminar la carne en los ya no tan sabrosos wantanes.

Eso sí, la reunión no estuvo exenta de fricciones entre las partes. Testigos aseguran que incluso intervino vía ICQ el ex Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, quien perdiendo los estribos interpeló a Morita gritándole encolerizado: “Is the wantan, stupid”

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El origen de todo habría sido la gestión que venía realizando Dávalos aprovechándose de la información privilegiada que obtenía gracias a su puesto en la Direcon, donde gestionó negocios para transformarse en el agente dominante en el competitivo negocio de la producción, distribución y comercialización de charqui y sopaipletos, específicamente en peajes y estaciones de Metro.

Dávalos sabía que si quería triunfar en este negocio, debía eliminar a su competencia más dura, es decir, los productores de wantanes. El bloque chileno y en especial Ignacio Walker, sabía que el negocio que tenía entre manos el hijo de la Presidenta Bachelet era infinitamente lucrativo, por lo que la máxima era hacer todo lo posible para asfixiar a la industria wantanera y si era necesario, estaban dispuestos incluso a un boicot. “¡Ni un zapallo para las sopaipillas, ni un pedazo de carne para los chinos!”, se le escuchó a Walker (de seguro parafraseando a su antiguo amigo Richard Nixon)

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Finalmente, intoxicados ya con salsa de soya y empanaditas de camarón, las partes llegaron a un acuerdo: los puertos chilenos tenían expresamente prohibido la entrada de cualquier cargamento de carne con destino a algún local con propietario de apellido Lee o Chan. Como garante de que esta normativa se cumpliera, estaría la Compañía Sudamericana de Vapores (empresa que en los años 80 ya estuvo involucrada en el acaparamiento de enormes cargamentos de guindas como un intento desesperado pero fallido de hacer quebrar a Sorbete Letelier Co Inc.)

Por su parte, la Cancillería debió ceder en algunos puntos sensibles del TLC, como por ejemplo, debió frenar la operación de internacionalización del Pichuncho y de las pulseras de Omarcito Garate en el mercado chino.

Este es uno de los capítulos oscuros de la historia secreta de Chile, donde los poderes fácticos, en vil acuerdo con los poderes del Estado, han privado por años al pueblo chileno de tan necesario alimento.

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