25 años del triunfo del NO: Dos décadas de saqueo a Chile

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Hoy de seguro la Concertación (o para unos pocos la “Nueva Mayoría”) conmemorará los 25 años del triunfo del NO, que se tradujo en la vuelta de los militares a sus cuarteles, convirtiendo a Chile en el único país donde un dictador ha entregado el poder de forma democrática.

Los añejos dirigentes de centro izquierda gustosos recibirán a los medios para contar las ya repetidas y conocidas anécdotas de ese 5 de octubre de 1988. De seguro escucharemos a Genaro Arriagada, otrora secretario ejecutivo del comando del NO, contar cuando dijo “abran el bar” cuando el triunfo ya era seguro. Alguien rememorará la tensión que se vivía esa noche cuando el Régimen Militar aún no entregaba los cómputos, haciendo sospechar que no reconocería el triunfo del NO. Infaltable va a ser el episodio cuando Sergio Onofre Jarpa le aseguró –de forma no oficial- a Patricio Aylwin la derrota de Pinochet.

Es innegable el hecho histórico, como tampoco se puede desconocer lo que significó para miles de chilenos que sufrieron torturas o fueron hechos desaparecer en los 17 años de dictadura, el término de esta oscura y asquerosa etapa de la historia de Chile.

Pero dejando de lado este aspecto, hay algo que la propia Concertación (desde los cuatro Presidentes para abajo), nunca ha querido reconocer y simplemente ha sido cómplice activo en estos 25 años de democracia: la privatización del cobre y el robo sistemático al Estado chileno.

Gracias a esa superioridad moral con la que se siente la Concertación, por el hecho de que sus principales figuras lucharon en contra de la dictadura militar (muchas de ellas torturadas en campos de concentración), han hecho propias las banderas en contra de las violaciones a los derechos humanos y los abusos ocurridos en la época de Pinochet. Pero mientras los líderes de la llamada Nueva Mayoría han distraído a la  ciudadanía con estas banderas, por debajo prácticamente han regalado el sueldo de Chile a las transnacionales.

Al momento de realizarse el plebiscito, el Estado, gracias a Codelco –la mayor empresa productora de cobre del mundo- y ENAMI, era dueño del 90% de todo del metal rojo que se extraía en Chile (país donde se encuentra casi el 50% de las reservas mundiales de este mineral). Al final de la Concertación, este porcentaje era tan solo de 28%.

Según Lucio Cuenca, director de OLCA (Observatorio Latinoamericano de conflictos ambientales), la Ley Orgánica Constitucional de Concesiones Mineras, la que en definitiva entregó los derechos de explotación de los principales yacimientos de cobre en el país, “estableció normas de protección especiales para la propiedad privada y específicas para la minería y además estableció que son prácticamente inexpropiables”,

Si algún día, un lúcido del gobierno quisiera nacionalizar nuevamente el cobre, según la Ley de Concesiones Mineras, el Estado chileno debería pagarle como indemnización a las empresas transnacionales, el valor actual de todos los ingresos generados hasta la extinción del mineral. En otras palabras, los inversionistas extranjeros son dueños del cobre de forma prácticamente perpetua.

Pero de seguro las empresas extranjeras han pagado sus debidos impuestos durante todos estos años ¿o no?

En 1993 el entonces Ministro de Hacienda de Patricio Aylwin, Alejandro Foxley tuvo la genial idea de pasar del impuesto a la renta presunta a renta efectiva.

Con el sistema de renta presunta, el Servicio de Impuestos Internos calculaba cuanto debían pagar las mineras, dependiendo de las utilidades en base a las ventas de cobre. Y en la práctica no puede existir una empresa que no tenga utilidades (menos una empresa minera). Pero con el sistema de renta efectiva, una empresa puede generar una elusión, por ejemplo, afirmando que ha tenido pérdidas o ha disminuido sus ganancias. Para esto, el papel aguanta mucho.

Una forma de hacer esta elusión es endeudarse con bancos que son propiedad de la misma minera y decir que la institución bancaria le aplica intereses demasiado altos. Con este sistema, mágicamente durante 10 años las empresas transnacionales dejaron de tener utilidades, por ende, el ciudadano de a pie pagaba más impuestos al comprar un kilo de pan que los pagados por las mineras.

En palabras de Cuenca “las empresas mineras se están llevando dos tercios de todo el presupuesto nacional. Ese es el equivalente”

Paradójicamente, lo que ha impedido que Codelco pierda todos sus yacimientos es por la Ley 13.196, más conocida como Ley Reservada del Cobre, la que entrega el 10% de las utilidades brutas a las Fuerzas Armadas. Ya que ningún inversionista extranjero quiere hacerse cargo de ese porcentaje tan alto.

Durante los 20 años de la Concertación, distintos funcionarios de gobierno han pasado a ser ejecutivos de estas grandes empresas y miembros del Consejo Minero (organismo que agrupa a las transnacionales). He aquí la explicación de porqué hay políticas y leyes que no se han podido (o no se han querido) cambiar. “Son las empresas mineras transnacionales las que finalmente frenan la posibilidad de cambiar la Constitución, la posibilidad de democratizar este país, de cambiar el sistema electoral, de cambiar el sistema político.”, según explica Lucio Cuenca.

Hay dos recursos fundamentales para que una minera pueda funcionar: el agua y la energía. Según Cuenca, la crisis energética de la que las autoridades hablan es únicamente responsabilidad de la expansión minera. “No es por el mejoramiento de la calidad de vida de la población. Prácticamente todas las regiones están en crisis producto de la sobreexplotación del agua que están haciendo las mineras.”, según Lucio Cuenca.

“Chile se ha transformado (producto de la expansión de las mineras) en uno de los países que más aporta nuevas emisiones de gases de efecto invernadero. Entonces Chile tampoco cumple sus compromisos con la comunidad internacional.”, agrega Cuenca.

Ahora se puede entender porque Michelle Bachelet dice no tener una comisión de energía en su comando y no tener aparentemente una posición clara respecto a los proyectos energéticos como HidroAysén y en vez de eso, prefiere seguir jugando a la telepolítica de supermercado y poner su ya conocido frunce de ceño (gesto infalible que hace creer que está profundamente comprometida con alguna causa) que de seguro usará en estos 25 años del triunfo del NO.

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