Aunque a veces estés cagado de miedo, hay momentos en que la vida debes agarrarla de los huevos

Acabo de llegar a Bay of Islands, una playa a 230 kilómetros al norte de Auckland, en la Isla Norte de Nueva Zelanda. Típico balneario neozelandés que ofrece una infinidad de actividades. Entre carteles y tiendas que invitan a vivir la real “experiencia Kiwi”, hay uno que me llama la atención y que me queda rondando todo el día en la mente.
Por una de esas “casualidades” de la vida, hablo con Bastián, un amigo que está en Chile. Le comento sobre lo que quiero hacer y que a la vez, el solo hecho de pensarlo me aterra. De entrada me dice: “Hueón, no la pensí, simplemente hazla”.

El maldito cartel está en todos lados, incluso en el hostel en que me estoy quedando. En la recepción pregunto si saben cuánto cuesta. La mina del mesón hace un par de llamadas y averigua todos los datos. Casi sin pensarlo pago y me apunto. Pregunto si es posible que sea hoy. Me dice que es imposible y que lo más pronto es el miércoles. Estamos recién a lunes.

Dos días. Dos días en que mi mente tiene chipe libre para torturarme e invitarme hacer lo que no debo: pensar más de la cuenta. Trato de distraerme, pero es inevitable. La idea viene como oleadas a mi cabeza. Intento visualizar la situación y el momento exacto, pero estoy seguro que no estoy ni cerca de lo que voy a sentir en 48 horas más.

Por fin es el día. Son las 8:00 de la mañana y una camioneta me recoge. Al entrar nadie me pregunta nada. Ni mi nombre ni si soy la persona que hizo la reserva. Las palabras sobran. Todos sabemos por qué estamos ahí y para dónde vamos.

En el camino me obligo a comer unos chocolates. Aunque mi estómago no puede digerir nada y hace rato que no tengo hambre, sé que necesito comer algo, tener algo de glucosa en la sangre. Mastico casi de forma mecánica y tomo sorbos de agua simplemente para no tener la boca tan seca.

Al llegar lleno una ficha con mis datos. Me hacen firmar la típica nota en que yo aseguro no sufrir ninguna enfermedad que pueda poner en peligro mi vida y que estoy consciente que aunque la empresa ha tomado todas las medidas de seguridad, esta es una actividad de alto riesgo y que ellos no se hacen responsables en caso de” accidente o muerte”

En la misma ficha debo poner un teléfono de alguien a quien ellos puedan avisar en caso de que algo salga mal. Miro mi celular y el único que se me ocurre es Andy, mi flatmate que en estos momentos no tiene puta idea en dónde estoy. De seguro debe pensar que estoy durmiendo en mi pieza en Auckland.

Han pasado 10 minutos desde que terminé todos los procedimientos de rigor. En estos momentos estoy arriba de un avión bimotor junto a tres instructores, una neozelandesa y una alemana. De reojo veo un reloj: son las 9:33 de la mañana. Hace rato que ya no hay vuelta atrás. Estamos a 8 mil pies de altura, el equivalente a más de dos kilómetros sobre el nivel del mar (o a ocho Costanera Center).

La puerta del avión se abre.

(Si quieres saber cómo termina esto o si después de leer no entendiste un carajo, pincha aquí)

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Una respuesta a Aunque a veces estés cagado de miedo, hay momentos en que la vida debes agarrarla de los huevos

  1. Rodrigo dijo:

    Te pasaste!!!!!!!

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