Edgardo Bathich: El intocable

A finales de la década de los `90 en las calles de Santiago circulaba el único Rolls Roys de color rojo italiano que había en el país. Su dueño era Edgardo Bathich, un chileno casi desconocido para la mayoría de los chilenos, pero que durante años ha sabido tejer una poderosa red de poder e influencias dentro y fuera del país.

Yamal Edgardo Bathich Villarroel nació en Vicente de Tagua Tagua en la provincia de Colchagua, su padre era un sirio que llegó al país en 1929 que en un comienzo vendía ropa interior puerta a puerta. Poco a poco Bathich padre fue amasando una considerable fortuna, gracias una flota de camiones y terrenos agrícolas.

De joven, Edgardo Bathich se fue rodeando de las personas más influyentes del país. Su vínculo más importante en Chile fue la que mantuvo con la familia del dictador Augusto Pinochet, en especial con el hijo menor del general, Marco Antonio.

Marco Antonio Pinochet

A comienzos de los `90 Bathich era conocido como el rey de la chatarra, luego que en el año 1990 decidiera formar la sociedad Focus Chile Motores, junto con Marco Antonio Pinochet, Luís Undurraga Finlay, Álex Jacob Neder y el abogado Héctor Novoa Vásquez, hermano del ex presidente de la UDI, Jovino Novoa. Esta sociedad se dedicaba a importar motores de camiones alemanes de segunda mano, que eran refaccionados y vendidos en Chile.

Con el inicio de esta sociedad también comenzaron a aparecer las primeras luces que vinculaban a Bathich con el narcotráfico y el lavado de dinero. Esto luego de algunas investigaciones que realizó el Servicio de Impuestos Internos y que llegó a la conclusión que un porcentaje del capital invertido en la sociedad provenía del colombiano Jesús Ochoa Vásquez, pariente de los hermanos Ochoa del Cartel de Medellín.

Además, la investigación hecha por los periodistas Rodrigo de Castro y Juan Gasparini en el libro  La delgada Línea Blanca, la que no ha podido ser desmentida, señalan que dentro de los motores que ingresaban al país escondían varios kilos de droga.

La amistad con el ex jefe de la CNI, Álvaro Corbalán, era otro de los lazos que tenía Bathich con el poder. Conocidas eran sus idas al restaurant Rodizzio, propiedad de Aurelio Sichel (muerto en oscuras circunstancias), la discoteque Gente y otros lugares frecuentados por la gente del régimen. Fuentes señalan que cuando ocurrió el secuestro del coronel Carlos Carreño a manos del FPMR, Bathich puso a disposiciópn de Corbalán su propio helicóptero. El vínculo entre el ex jefe de la CNI y el chileno de origen sirio no queda ahí. Recientemente el ex jefe de la DINA, general en retiro Manuel Contreras, declaró que en la dictadura, Corbalán y Bathich se enriquecieron con el tráfico de cocaína.

Los influyentes vínculos que mantenía Edgardo Bathich, como con la familia Pinochet y agentes de la CNI, no se limitaban sólo a Chile.Además tenía relaciones con la familia Menem, pero el contacto más importante era el que tenía con su primo lejano, Monzer Al Kassar, uno de los traficantes de armas más importantes del mundo. Durante toda su vida, Al Kassar se ha movido en las turbias aguas del terrorismo, el tráfico de drogas y venta de armas en distinos conflictos armados. Sus múltiples contactos e inigualable influencia mundial ha llegado al extremo que en varias ocasiones Estados Unidos le ha pedido ayuda en escenarios en donde la diplomacia oficial no da resultados a cambio de hacer vista gorda de

Al Kassar en el momento que es detenido por la DEA

sus truculentos negocios. En varias oportunidades ha sido acusado de terrorismo, principalmente por el Estado Español, pero ha salido absuelto en cada uno de los cargos que se le ha imputado. Actualmente cumple una condena de 30 años en una cárcel de Estados Unidos por venderle armas a las FARC.

La cuota de poder de Bathich es equivalente a la de enemigos que posee. Esto ha quedado reflejado por lo menos en dos oportunidades. En la madrugada de una noche noviembre de 2005, falsos funcionarios de la Policía de Investigaciones estuvieron merodeando su casa de Cerro Colorado en la comuna de Las Condes, en donde luego de una confusa situación, el empresario sirio fue encañonado, antes que se dieran a la fuga.

Pero el hecho más dramático ocurrió el 20 de enero de 2004, cuando sujetos, también haciéndose pasar por detectives, ingresaron a la residencia ubicada en Los Leones 666 con claras intenciones de secuestrarlo. Bathich, alertado por lo que ocurría, corrió al segundo piso y desde ahí apuntó y dio muerte a uno de los falsos detectives. El hecho nunca ha sido aclarado del todo y varias situaciones ocurridas con posterioridad son por lo menos sospechosas. La que porvoca más curiosidad es que al momento de la llegada de la Brigada de Homicidios, los funcionarios no pudieron entrar, porque el lugar ya estaba siendo investigado por el Departamento Quinto de Asuntos Internos de la Policía de Investigaciones, lo que para muchos da a entender que Bathich es una especie de informante de la PDI, lo que le permite tener ciertos beneficios y licencias para seguir en sus dudosos negocios.

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