Cocaína


Los inicios

Aunque la hoja de coca es milenaria y en 1859 el farmacéutico alemán Albert Niemann fue el primero en aislar el alcaloide y producir cocaína en cristal, no fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando se vio como un producto altamente peligroso pero a su vez infinitamente lucrativo. Es así como a finales de septiembre de 1946 se realizó una inédita reunión entre los capos de la mafia norteamericana y la Cosa Nostra organizada por Lucky Luciano en el Hotel Nacional en La Habana, para discutir las políticas y reglas con respecto al incipiente negocio de la cocaína.

Es a comienzos de los años `70 cuando el consumo de cocaína en Estados Unidos y Europa se incrementa sustancialmente, al considérasele como una droga exclusiva  y que se consumía frecuentemente en las fiestas de la alta sociedad. A tal punto llegó la expansión del negocio que en 1972 la demanda llegaba a 600 millones de dosis de cocaína y heroína igualando e incluso superando los 50 millones de dólares que había reportado el juego clandestino. Desde la reunión en el Hotel Nacional en 1946, los adictos a la cocaína se contabilizaban en unos 47 mil; 25 años después, esa cifra alcanzaba los 300 mil, solo en Estados Unidos.

Pero en esos años, el tráfico de drogas no se limitaba solamente a Estados Unidos y Europa. En Chile también se estaba lucrando con el alcaloide. En 1969 operaba la “Hermandad de Santiago” un grupo de traficantes que controlaba el tráfico nacional e internacional, conformado por el uruguayo Adolfo Sobosky Tobías (supuesto nexo en Chile de Joe Colombo, jefe de la Cosa Nostra y de las Cinco Familias de Nueva York), Luís Ampuero y los bolivianos hermanos Jesús Felipe, Carlos Alejandro y Luís Berríos Plaza que producían la droga en laboratorios instalados en el norte y centro del país y que mandaban los cargamentos a las costas norteamericanas en barcos de la Compañía Sudamericana de Vapores.

Pero la “Hermandad de Santiago” no eran los únicos que lucraban con el negocio de la droga. Según la periodista Alejandra Matus en su investigación El Libro Negro de la Justicia Chilena algunos traficantes contaban con la protección de jueces de la Corte de Apelaciones de Iquique que trasladaban a la frontera productos de primera necesidad adquiridos en el mercado negro y que cambiaban por pasta base de coca en Bolivia.

Los carteles colombianos entran al juego

Es 1974 y Carlos Lehder, traficante de poca monta, está en una celda de Connecticut junto George Jung, un vendedor de marihuana de California. Luego de salir de prisión y viendo el gran auge que estaba teniendo el consumo de cocaína se dieron cuenta que estaban perdiendo el tiempo (y millones de dólares) al dedicarse al tráfico de marihuana. Por lo que decidieron entrar de lleno al negocio. Pocos meses después ya estaban llevando kilos de cocaína a Estados Unidos en el equipaje de azafatas, las que por su trabajo, nunca eran

Blow, película inspirada en la vida de Goerge Jung y Carlos Lehder

revisadas. Ya convertido en millonario, Lehder decide comprar una parte de la Isla Cayo Norman en Las Bahamas (previo soborno al primer ministro Lynden O. Pindling) la que utilizó como pista de aterrizaje ilegal para sus aviones que provenían con varios kilos de cocaína desde su natal Colombia y que tenían como destino final las costas de Florida. Su historia fue inmortalizada en la película Blow dirigida por Ted Demme (muerto por sobredosis) y con la participación de Jonny Depp (George Jung) y Jordi Mollà (Carlos Lehder).

Pero su primer embarque de importancia fue a comienzos de 1977 gracias a un nuevo proveedor que en un futuro cercano cambiaría para siempre el negocio de la cocaína y el de toda Colombia: Pablo Escobar.

Pablo Emilio Escobar Gaviria nació el 1 de diciembre de 1949 en el departamento colombiano de Antioquia de la capital de esa zona norteña, Medellín, Colombia. Desde joven se dedicó a pequeños hurtos, robos de autos y lápidas de cementerios. Pero luego se involucró en la venta de marihuana, para pasar rápidamente al tráfico de cocaína. En los `70 se asoció con Carlos Lehder, Gonzalo Rodríguez Gacha y los hermanos Jorge Luís y Fabio Ochoa y formó el poderoso Cartel de Medellín. Ya en ese tiempo se calculaba que el negocio de la cocaína reportaba 180 mil millones de dólares en el mundo.

Imitando a Lehder, muchos otros narcos empezaron a tener pistas de aterrizaje en Las Bahamas, lo que a comienzos de los `80 alertó a la DEA (Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas) que hizo cada vez más difícil pasar la droga por esa zona. Es por esto que en 1982 los líderes del Cartel de Medellín se reunieron con el dictador panameño Manuel Antonio Noriega para llegar a un acuerdo, el que se tradujo en que por cada kilo de cocaína que llegara a su destino final el gobernante se quedaría con 10.000 dólares y un 5% por cada dólar lavado.

Pablo Escobar, capo del Cartel de Medellín

El poder que tuvo Escobar como el terror que provocó no tiene parangón en el mundo. Según las últimas declaraciones de su principal sicario, Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, fue el causante de más de 5.000 muertes en Colombia producto de las múltiples ajustes de cuentas y atentados con coches bomba (entre 1986 y 1990 Colombia tenía la tasa de asesinatos más alta del mundo). La fortuna que amasó se estima en más de 25 mil millones de dólares y que lo situó entre los 10 hombres más ricos del mundo según la revista Forbes. Un claro ejemplo de su fortuna fueron las 500 propiedades que tenía, siendo la Hacienda Nápoles la más fastuosa y monumental. Ubicada en la zona de su natal Antioquia, tenía una extensión de 30 kilómetros cuadrados, hoteles de lujo, carreteras, seis piscinas, una plaza de toros, decenas de lagos artificiales, pistas de aterrizaje, un zoológico con hipopótamos, jirafas, camellos y una infinidad de animales exóticos.

Aunque nunca reconoció que su fortuna provenía del narcotráfico, su desfachatez no tenía límites, ejemplo de ello es cuando no tuvo inconvenientes en colocar en la entrada principal de su hacienda, la avioneta monomotor con que hizo el primer envío de cocaína a Estados Unidos. Cargamento irrisorio comparado con los Boing especialmente equipados que utilizaba a fines de los años `80 para transportar toneladas de cocaína, que de vez en cuando eran interceptados por la policía, algo que a Escobar lo tenía sin cuidado, ya que de dos que interceptaban, había ocho más que pasaban sin problemas. A tal punto llegó la desfachatez y poderío de Escobar que corre el rumor de que ofreció pagar el solo, la deuda externa de Colombia a cambio de no ser extraditado a Estados Unidos.

Según Manuel Salazar, en su libro Conexiones Mafiosas en esa época la ONU estimaba que un dólar gastado en hojas de coca valía 300 dólares al convertirse en cocaína. En 1986 un gramo de cocaína con un 65% de pureza podía alcanzar el valor de 120 dólares en Estados Unidos. Ese gramo era una ínfima parte de las 150 toneladas de cocaína que llegaron a Estados Unidos en 1986, el doble que el año anterior.

“El negocio producía ganancias que ningún otro rubro igualaba. En enero de 1988, en Bolivia se compraba el kilo de cocaína con pureza de 96% en US$ 7.000. A Estados Unidos llegaba a US$ 80.000 el kilo. Era rebajada, por ejemplo con lactosa, resultando dos kilos con 45% de pureza. Y así sucesivamente hasta llegar a unos 16 kilos, con 5% de pureza. A US$ 120 el gramo, los US$ 80.000 se convertían en US$ 1.920.000 y el volumen seguía creciendo. A finales de año se calculó que la cocaína ingresada a los mercados norteamericanos había superado las 300 toneladas.” Conexiones Mafiosas, Manuel Salazar.

El hecho que la planta de coca se de mayoritariamente en Colombia, Perú y Bolivia, prácticamente todos los países latinoamericanos están de alguna forma en mayor o menor grado involucrados en el procesamiento y tráfico de cocaína. En 1996 Perú era el mayor productor de hoja de coca del mundo con un total de 350 mil hectáreas que entregan 220 toneladas de materia prima al año, que se transformará en pasta base de cocaína y clorhidrato de cocaína (cocaína 100% pura)

Así durante las décadas del `70, `80 y `90 salieron a la luz pública múltiples casos de corrupción y de políticos y ministros involucrados en el negocio de la droga.

En 1985 se dio a conocer en Bolivia el caso de los “narcovideos” donde salía el máximo capo de la droga en Bolivia, Roberto Suárez Gómez, junto con políticos, ministros y funcionarios de las Fuerzas Armadas.

Alberto Fujimori, expresidente de Perú

El 10 de mayo de 1996 se descubrió en el avión presidencial del Presidente Alberto Fujimori 165 kilos de clorhidrato de cocaína que iban a ser comercializados en Europa.

En 1989, al terminar los 35 años  de dictadura militar del general Alfredo Stroessner en Paraguay, el contrabando significaba el 70% del mercado interno (1.000 millones de dólares), cantidad superior al valor de todas las exportaciones legales.

El nuevo escenario post  URSS

Luego de la caída de la Unión Soviética y el triunfo del capitalismo, en donde la mayoría de los países del orbe adoptaron el libre mercado, las fronteras no sólo se abrieron a los mercados de productos legales, sino que también a un sinfín de tráfico de diversas especies. Es aquí donde la economía sumergida entendió (y mucho antes que el resto) que la apertura de las fronteras creaban un escenario infinitamente lucrativo nunca antes visto.

A comienzos del siglo XXI, en Rusia, las más de mil organizaciones criminales, muchas de ellas fundadas por ex miembros del servicio secreto soviético, controlaban unos 700 bancos, más de 1.000 establecimientos públicos y miles de empresas privadas. La Academia de Ciencias confirmó que el crimen organizado controlaba más del 40% de la economía rusa, la mitad del mercado inmobiliario moscovita y dos de tres instituciones comerciales.

Aunque Pablo Escobar reventó Colombia, por lo menos en ese tiempo se conocía la cara del enemigo y se sabía contra quien se estaba luchando. Actualmente eso no ocurre. Al igual como lo hace el mercado legal, el comercio ilícito ha dividido su trabajo y produce, vende y provee en lugares tan apartados y diversos como Filipinas, Rusia y Washington, lo que hace imposible saber quienes están detrás de todo el negocio.

Es así como el Instituto Internacional de Economía estima que el dinero negro equivale al 10% del PIB mundial y da cabida a situaciones tan increíbles como la existencia de la República de Moldava de Transdiéster, región disidente de Moldavia que ha establecido su propio gobierno y se dedica exclusivamente a la vente ilegal de todo tipo de armas (ametralladoras, lanzacohetes, RPG, misiles antiaéreos, cohetes con cabezas con carga radiactiva). La empresa responsable de todo este armamento es una sola, llamada Sheriff que su director, Vladimir Smirnov está a cargo de las aduanas y que casualmente es el hijo del “presidente” del país.

Aunque no se tenga presente el comercio de armas y la guerra está íntimamente relacionada con el tráfico de drogas. Históricamente casos como las FARC se han beneficiado y se han financiado con dineros provenientes de tráfico de cocaína. Actualmente la fallida guerra en Afganistán también ha traído consecuencias en ese ámbito

“En Afganistán, el cultivo de la amapola no para de aumentar. En 1999, la producción de opio alcanzó la cifra récord de 5.000 toneladas. Al año siguiente, los talibanes ilegalizaron el cultivo de la amapola, que consideraban contrario al Islam. Los escépticos afirmaron que lo que buscaban en realidad era provocar un aumento de precios y vender las reservas del país con un elevado margen de beneficios. En cualquier caso la producción descendió hasta solo llegar a 200 toneladas en el 2001. al final de ese año Estados Unidos y sus aliados expulsaron del poder a la milicia islamistas, y el nuevo gobierno de Kabul se apresuró a ratificar la prohibición de cultivar el opio. Pese a ello, el cultivo de amapola volvió a extenderse, recuperando las mejores tierras en todo el país. en el plazo de un año, la extensión de los cultivos de amapola estuvo a punto de alcanzar los niveles de 1999. en 2004 se calculaba que Afgnistán producía unas 4.200 toneladas de opio.” Ilícito, Moisés Naím.

Actualmente en Washington todos los días trabajan funcionarios de la DEA, Oficina de Inmigración e Intervención Aduanera (ICE), el Servicio Secreto, el FBI que en total gastan alrededor de 40.000 millones de dólares al año en la lucha contra el tráfico y consumo de drogas.

En el 2005 el United Nations World Drug Report informó que las ganancias del narcotráfico ascendían a más de 322 billones de dólares, muy superior a los 180 mil millones de hace 30 años, sin contar el tráfico de armas que está asociado al narcotráfico y que es mucho más lucrativo que las drogas. Viendo el escenario actual, las nuevas modalidades que están adoptando los traficantes, las que cambian vertiginosamente y mucho más rápidas que las leyes que pretenden detenerlos, hay que reconocer que lo ilegal tiene todas las de ganar. Y si nos centramos solo en el tráfico de cocaína, todos los esfuerzos tecnológicos, reformas legales y millones de dólares invertidos en la lucha contra este negocio, no tienen ni la más remota posibilidad de triunfar, si aún hay millones de personas dispuestas a gastar millones de dólares en conseguir unas cuantas líneas de cocaína para esnifar.

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